Besa a desconocidos con unos labios más rojos que el corazón

Tatyana era una joven alegoría. Su aspecto, tan soñadoramente artístico, pretendía representar una idea valiéndose de su forma humana de niña caprichosa con cabellos pajizos y alborotados que regalaban infinitas dosis de carisma a su tierno rostro abstracto. En realidad se trataba de un auténtico espejo maldito. Trasladaba a su superficie lo que es junto a lo que no es y en su belleza residía el hecho de que fuese parecida, peligrosa e inexacta. Se la conocía como a una exploradora e investigadora de la farsa, una científica chiflada que cambiaba mentiras por corazones y un puñado de rublos con los que comprar faldas de tonos fríos llenas de cuadros bajo las que esconder por la mañana al mundo lo mucho que se odiaba y liberar por la noche a unos cuantos la aceptación total de su persona. Al fin y al cabo se recordaba que tenía que vivir consigo misma toda la eternidad.
Quien la conociera aseguraba que era una encarnación completamente antimitológica de Dioniso en fémina exigente y a la rusa, y que la estepa que era su piel se doraba tanto en verano, primavera, otoño e invierno; le gustaba recorrer descalza la Plaza Roja, parar de vez en cuando un taxi haciéndose pasar por extranjera, leer libros interminables que contaban desventuras en países lejanos donde imaginarse yendo al teatro a ver una ópera en portugués e inventarse mil identidades secretas con las que divulgar sus tres mil encantos a sus tres mil veinte pretendientes –siempre se maldecía por su desacertada carencia de exceso imaginación-. Tatyana amaba el buen vino, la buena música y las buenas conversaciones casi tanto como el buen sexo, el buen tiempo y el té. Era inverosímil, complicada, descolocada, desconcertante, enigmática, frígida, cálida, apasionada, sensual y sexual, risueña, triste, hermosa y todo lo demás por triplicado. Era tantas cosas que a la vez no era, aunque no era para tanto lo que de verdad era. Lo cierto, es que ella me dijo un día que quería ser algo distinto.
Estaba cansada de ser de esas chicas de cabaret que huelen a perfume barato mientras besan a desconocidos con unos labios más rojos que el corazón, de esas que sonríen sin sentido con un vaso hasta arriba de vodka en la mano y estrechan a jovenzuelos entre sus pechos mientras cuelan la mano y roban carteras. Estaba harta del blues de los lunes, del rock de los martes y el jazz de los sábados, de llenar con sus piernas quilométricas las aceras de la calle vestida de luto corto de ese que no vela un entierro y medias reutilizadas con carreras buscando vender amor pasajero de ese que no se levanta acompañado de un cuerpo cálido a la mañana siguiente. Odiaba a Iván, a Nikolai, a Misha, a Dima, a Alexandr, a Yura, a Sergey y a dos mil hombres que tenían algo más en común que el nombre y millones de rublos en el bolsillo.
Me juró y perjuró que deseaba esconderse entre la nieve de enero para que el tiempo y los problemas no la encontraran, dormir con la sonrisa puesta de oreja a oreja por miedo a perderla de madrugada y caminar por las esquinas dando saltos para no pisar las rayas de las baldosas en lugar de desvelarse en ellas. Quería maquillarse la vergüenza de esos años para que pasara desapercibida y dejarse la piel limpia para que al besar no supiera a química, sino a felicidad eterna de domingo. Quería que caminara con ella de la mano mientras me miraba los pies para acompasar sus pasos a los míos como hacíamos en el instituto, ordenar las especias por colores, los discos por autores y los libros por género después de cocinar de madrugada y darle a probar las mezclas al firmamento estrellado. Deseaba hacerse pequeña entre la gente, pero única entre la multitud, invisible para quien no mira, pero especial para el que sabe observar. Se declararía muda para quien oye y extrasensorial para quien en un desayuno al atardecer la supiera escuchar.
Otra cosa que me juró es que se enamoraría de un artista que robara corazones marchitos para regarlos con tan sólo una mirada, de un cincuentón que la respetara en todos los sitios menos en la cama, de un rubio que se reinventara cada día para ser ese otro y no se arrepintiera del día anterior ni de la mañana siguiente, de un pordiosero al que le fuera imposible pagar por lo que había en el interior de sus muslos, de un adolescente que le despertara mil pensamientos inmorales no premeditados y que no tuviera que poner obligatoriamente en práctica o de alguien llamado Pereza y dedicado a sabotear su jornada laboral. Juraba que posiblemente caería rendida con alguien que no encendiera la luz para ver su pasado y que alumbrara las habitaciones con una diminuta velita con olor a hacer el amor tiernamente entre sábanas de franela heredadas de alguna tía o abuela lejana, de un hombre que circulara en bicicleta por la acera y supiera ser capaz de ganar el Tour de Francia sin intentarlo o del primer macho que le jurara amor eterno entre un ramo de rosas regadas con dosis de eternidad.
Otra cosa que juró hasta cansarse y tener la boca seca justo antes de que la invitara a desayunar al atardecer cuando ya comenzaba a hacerse extrasensorial para mí, es que jamás podría enamorarse de una mujer. Yo, sin miramientos, la besé. Luego le expliqué que podría poner en una taza todo lo que me hacía sentir y desayunarlo por la noche, para irme a la cama con ese sentimiento de calor invernal que me regalaba y dormir en un profundo y maravilloso sueño que se haría más perfecto en cuanto despertara y viera su sonrisa a mi lado. ¿Desayunaría conmigo entonces otra vez?
Tatyana no cumplió nada de lo que había jurado y perjurado, pero prometió que desde ese momento desayunaríamos siempre juntas.




Este es el relato que he decidido presentar al certamen de Relatos Urbanos 2011 que organiza la Asociación de Libreros de Alicante y con el que tengo firmes esperanzas de ganar al menos un Accésit, a parte de la casi asegurada publicación. De momento ya lo tiene la editorial y tocará esperar hasta octubre o noviembre para saber si me saldré con la mía y se cumplen las espectativas. La verdad es que me hace ilusión tener a la alegórica Tatyana en la estantería de mi habitación. Espero de todo corazón que os haya resultado tan entrañable como a mí.
He de agradecer la inspiración de este relato al vídeo que hizo una chica, ilustrando con fotos la canción de Verso acabado Punto del grupo Maldita Nerea, en el cual aparece en primer plano la foto que he adjuntado a esta entrada. Muchas gracias desde aquí a todo tu interés y tus molestias, y desde aquí animo a todos a que echéis un vistazo en este link a sus montajes a base de texto y música -aunque seguro que muchos lo habéis hecho ya alguna vez- : 


7 comentarios:

  1. Hermoso. Seguro que lo publican y gana el primer premio, porque no es para menos. Jóvenes promesas así es lo necesita este país.

    Un saludo

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  2. Eh, haces trampa, me pillas en días ñoños.
    Nada, decir únicamente que leí el relato hace unos días y supe la intención que llevabas con él. Supe que tienes casi tantas esperanzas como yo de que sea considerado como, todos sabemos, merece.
    Sé mucho sobre cómo te irá en el futuro. Sé tanto... Que con nadie estoy tan segura de mi acierto; ya lo sabes, pero me encanta decírtelo. Aunque, quizás, lo que nunca te he dicho es que muero por estar ahí para verlo y para -si quieres- que lo compartas conmigo.
    Un abrazo de los que me das cuando nos vemos.

    Te quiere:

    Yanis

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  3. Tú siempre estás ñoña, así que a callar se ha dicho. Qué lista eres, siempre adivinando mis intenciones y yendo un paso por delante de mis pensamientos.
    Si me llaman para la entrega de premios, quiero que la primera que esté sentada conmigo en el patio de butacas del Información seas tú; pero prométeme una cosa: no te morirás al estar allí para verlo que no quiero tener que enterrarte tan pronto. ¡Ah!, y otra cosa: que -como dice el relato- "desayunemos siempre juntas" abrazos de los que te doy cuando nos vemos.

    Te quiere:



    Karenina

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  4. Me encanta la BSO del link que pones al final del texto. Suerte con la publicación, mereces ganar.

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  5. (Tienes permiso para pegarme. Ayer dije que lo leería y ha sido al día siguiente cuando lo he hecho xD No hay excusa.)

    Hay algunas frases que se hacen un poco pesadas de seguir por la falta de pausas, por ejemplo, en el primer párrafo.
    A mí el uso de tanto adjetivo y metáfora en la misma línea, sí, le da cierto movimiento y riqueza a la descripción, pero creo que demasiado por lo que se vuelve algo aparatosa la lectura. (Es, básicamente, la ventaja y la desventaja xD)
    A pesar de mis pegas (ya sabes que soy tiquismiquis hasta más no poder), me ha gustado. Entre todo ese revoltijo de palabras se puede apreciar a una mujer de muchos romances, ninguno de ellos le ha tocado lo suficiente como para recordarlo como algo bonito. Y al mismo tiempo una mujer capaz de romper sus propias reglas, de salirse del mapa si así lo cree conveniente. Va a contracorriente de sí misma y es por eso que ahora tiene alguien con quien compartir algo más que un desayuno.

    =) Me alegra mucho que te publiquen el relato porque merece la pena leerlo. Y a ti merece también la pena leerte y comentarte :D

    ¡Un saludo!

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  6. Eres una escritora fabulosa, es una de las historias mas hermosas que he leído en mi vida.
    Sigue luchando, tal vez en unos años haga cola para que me firmes tu best-seller, y tal vez te invite a un café.

    De una escritora a otra escritora...

    Mil besos, Martha

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